Pero sin tocarte…

decido entrar

pero sin tocarte

estoy lo más cerca a ti

pero sin tocarte!

te susurro al oído, pero sin tocarte!

decido besarte

pero sin tocarte!

siempre manteniendo la sutileza de ver tu espectacular cuerpo

pero sin tocarte!

luego

te arrincono

te abrazo

te beso

te toco

te arranco todas las sensaciones de tu cuerpo

como un automóvil a toda velocidad chocando tu cuerpo

una explosión de energía

que te libera de tus cadenas de estrés y dolor

te desconecto de la realidad por un momento y terminamos unidos por un elemento tensorial

llamado sexualidad.

Ingresas a mi muy fuertemente

pero siempre arrinconada

los besos dejan de ser apasionados

y pasan a ser algo más

un beso que se desliza por todo tu cuerpo mientras ese elemento tensorial llega a su punto culmen

gritas

el placer te invade

y yo en ese momento

decido no tocarte

te miro, pero sin tocarte

salgo

pero sin tocarte

y me pierdo entre la puerta y el deseo

me pierdo entre ese deseo intenso de sentirse el uno al otro

sólo por no tocarte…

Anticristo Esteban

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La niña de las sinopsis

Ella es una mujer bella y atractiva, viste un vestido rojo ajustado que delinea sus curvas y su cara demuestra soberbia e incredulidad. Sus pasos son silenciosos, pero toda persona que la ve fumando un cigarro o con una copa de café en la mano sienten la necesidad de desnudarla y tener sexo violento en el baño. Ella camina por los pasillos fríos y oscuros

dejando una estela de perfume ácido y suave que se camufla con el olor putrefacto de la muerte y la sangre que gobiernan ese antro de destierro y terror.

Ella decide caminar por las tres salas de operaciones de ese tétrico hospital, contando sinopsis de un acto banal y poco viril de operar. Comienza meneando sus sensuales caderas con cada paso que realiza, mientras tira su cigarro al suelo y exhala un hedor a pasión y necesidad de amor.

Ella llega a la primera sala de operación convencida de que no encontrará a nadie, tal vez para excitarse y masturbarse suavemente mientras piensa en si misma. Al abrir la puerta se encuentra con un hombre viejo, triste y acabado. Está abierto de costilla a costilla porque, al parecer recibirá un nuevo corazón.

Ella se acerca a observar y a detallar, pero sólo ve un montón de organos putrefactos y espesos que poseen remiendos, llenos de una materia amarillenta y verdosa que se confunde con la sangre que la caja toráxica guarda. El doctor, antes de sacarle su corazón, mete su cabeza en la gran abertura y comienza a lamer todos los intestinos, pasando por el 

grueso y terminando en su esófago, pues el dice que necesita conocer a su paciente. Saca lentamente su cabeza mientras se lame los dedos llenos de esa materia amarillenta y comienza…

Ella sólo mira y detalla cada acción, tal vez encuentre algo que la haga recordar que puede excitarse y así podrá volver a sentirse sexy y cómoda. Luego, de un rato sale de la habitación, se recuesta en un ventanal con una vista de toda la fría y oscura ciudad mientras saca un cigarro más. Pasa un hombre, la observa y se acerca, le besa y la abraza, pero ella

lo golpea pues no desea perder su excitante y desestresante cigarro.

Ella termina y pasa la segunda habitación, pero sólo ve una pequeña mujer dando a luz. Todos los doctores les insinúan a la furiosa mujer que saque al bebé de su interior. Comienza a pujar y empieza a salir el pequeño y delgado niño, este llora a gritos y comienza a halar de sus intestinos, pues quiere volver al cálido y confortable lugar. El niño sigue halando y los doctores también, desencadenando un frenesí de sangre, dolor y gritos. Saca sus ovarios, saca su vejiga, saca su estómago y por último, el niño saca su corazón.

Ella está sonriente, pues la vida de esa mujer era deplorable y ve un futuro caníbal nacer. Ella dice que son necesarios, así evitaríamos el incómodo coqueteo y llegaríamos directo al acto sexual, seguido de un plácido y cálido asesinato. Sale caminando.

Ella menea su cuerpo sensualmente pensando en el último momento orgásmico que vivió, pero sólo recuerda una hermosa mujer con su misma cara desnuda, acostada en su misma cama y masturbándose suavemente mientras, dice ella, se refleja en su pequeño espejo.Ella entra a la última sala de operaciones, pero no encuentra a nadie. Da una vuelta a la cama y se acuesta. Llega al parecer una doctora, con un pequeño bebé casi inconsciente. La tiran de la camilla y Ella se levanta. Decide observar qué pasa. La doctora asustada comienza a entubarlo y a llenarlo de aparatos. Luego de un rato, el pequeño se estabiliza. Lo cortan a la mitad, le sacan su pequeño corazón y lo tiran a un pequeño basurero cerca, al parecer porque era oscuro y nadie lo necesitaba.

Ella mira atentamente como estas dos mujeres, la doctora y la enfermera, comienzan a insertar en sus prendas los riñones y todos los pequeños órganos mientras gimen excitadas masticando cada una un ojo de color blanco y esférico del mismo pequeño. Ella sale asustada, corriendo y llorando. No puede creer tal atrocidad la que ha presenciado y decide, por último lanzarse del último piso.

Andkristur Esteban

La necesidad de amar

Nota del Autor: No es fácil ponerse en el papel de una mujer, no es fácil saber como cercenar el cuerpo de un hombre y más si uno no es el implicado. No es homosexual pensar de una manera fémina a veces, pues todos somos lo mismo, tanto hombres como mujeres. Disfrútenlo.

Siento como recorre mi cuerpo, despacio, lento, casi sin movimiento. Seductor, algo frío, sin aliento. Esa sangre que pasaba tocando mi pecho, delineando mis senos hacía que explotara y no parara de gritar. Mi abdomen se endurece al sentir sus intestinos, mis ojos se dilatan al ver su cerebro, todo mi cuerpo se eriza al saber que está muerto.

Él quería penetrarme, el quería “amarme”. Sólo me deje llevar por la imaginación, dejé que mi mente se describiera a sí misma en su cuerpo, por eso mi nombre está marcado en su pecho. Saboreo su boca mientras regurgita la sangre que le queda, lo abrazo mientras sus costillas se incrustan más en sus músculos y su columna vertebral se desmorona.

Era un orgasmo escucharlo gritar de dolor, era un orgasmo sentirlo llorar y suplicar perdón. Es tan natural ver como sigue erecto ante tal aberración? Pues me repudió y decidí cortárselo lentamente. Masoquista quizá, pero sólo veía su expresión de terror y dolor, su desprecio por mi en ese momento – Acaso no quería penetrarme?. Ya no le gustaba, ya no le atraía, pues había descubierto su verdadera intención.

Me cansé de tener su cuerpo encima del mío y decido tirarlo a un lado. Recojo sus entrañas y se las acomodo en su cavidad toráxica. Está muy pesado, así que decido traer mi machete y desmembrarlo. Le arranco un brazo, le separo su mano y le arranco sus suaves dedos con los que había tocado mi órgano sexual femenino. Le arranco sus piernas, le corto la cabeza. Es tan excitante ver como su cuerpo ya no suelta sangre sino grasa acumulada de todos sus actos impuros con su comida.

Por último, abro su cabeza y veo su pequeño cerebro, qué habrá pensado mientras lo estaba torturando?. Lo toco y es algo baboso. Lo paso por todo mi cuerpo desnudo impregnado de sangre, así se que sus pensamientos quedarán pegados a mi cuerpo y no podremos olvidarnos.

Me visto, enciendo un cigarrillo y salgo caminando lentamente de su casa, con el mismo sinsabor que he tenido desde que lo conocí: Un vacío domingo donde me sigo preguntando si en verdad fue satisfactorio hacerlo.

 

Andkristur Esteban

Sexo casual

Al menos eso recita mi cuerpo después de hacer el pequeño ejercicio nocturno un jueves en la noche.

Es dificil no imaginarse en cualquier lugar de la casa, en cualquier lugar de mi habitación, en cualquier lugar de mi balcón. Es dificil no imaginarse la situación, tan excitante situación.

Lento, moderado o rápido, siempre y cuando sea lo deseado. Deshinibir el cuerpo a medida que pasa el tiempo, a medida que mis manos recorren tu cuerpo, a medida que mi lengua pasa por tu sexo. No importa el espacio, siempre y cuando se condense la sensación en el tiempo.

Al ritmo de una canción, si deseas. Al ritmo del tempo, si prefieres. Al ritmo del cielo, si quisieréis. Al ritmo del deseo, debes.

Confiscando cada una de tus acciones, mientras analizo detalladamente tus movimientos, tus gemidos y tu cuerpo; me lleno de deseo inmenso y explosivo que se apodera de mi mente algo fría y maquiavélica, que esparce en mi una sensación de vértigo incontrolable y excitante que se acrecienta con cada sonido, con cada mirada, con cada sombra, con cada caricia, con cada idea, con cada olor, con cada sensación de color y sabor que inunda mi cerebro como una explosión de chocolate negro intenso, como una explosión de caramelos, como una inyección de heroína en tu sistema sanguíneo, que ahora está recorriendo desde el más fino cabello hasta la punta de los dedos.

Y así, intentando expresar mis sensaciones y expresiones de deseo, los dejo al son y ton de ésta canción:

Un descenso oscuro

Algo se me va a estallar… adentro, muy adentro.

Sigo con mi ejercicio nocturno un domingo en la noche, observando con preocupación las sombras que vigilan el espacio en blanco que existen entre los pinos y araucarias. Una luz intermitente parece predecir el futuro próximo de mi cuerpo desgastado y sudoroso, absurdo y algo sucio por el polvo adquirido en mi larga travesía hasta el lugar.

A lo lejos, entre los suspiros de los muertos escondidos y los susurros del viento que viaja danzante y espeluznante sobre la copa de los árboles, se logra divisar unas pequeñas luces que como un buen samurai, corta finamente la oscura y espesa noche, incluyendo la niebla que comienza a esparciese* por todo el bosque, por todo el camino, por toda la ciudad; es la luz de un taxi.

como buen paranoico que soy, imaginé una pobre mujer siendo desgarrada desde sus piernas hasta su cabeza, de izquierda a derecha, sin posibilidad alguna de gritar, sin posibilidad alguna de imaginar que alguien la podría sacar del embrollo doloroso y quizá vergonzoso en que se encuentra su cuerpo, en manos de un asesino y posiblemente necrofílico con delirios de masoquismo y canibalismo.

Mi aliento, el poco que tenía, desapareció al primer suspiro y no pude evitar comenzar a trotar con un poco más de velocidad. Me ubiqué al costado derecho de la vía, al lado del bosque y la penumbra, queriendo por un momento que me tragara la niebla y apareciera en cualquier otro lugar, alejado de ese suspenso y ese pánico que me produjo el maldito taxi estacionado en la segunda curva del descenso más tétrico que pude encontrar.

Pasé con la cabeza abajo, como es costumbre al entrar a alguna discoteca en el Parque Lleras, para evitar confrontaciones innecesarias con matones a sueldo y traquetos, para evitar llevar conmigo el cargo de conciencia que se produce al ver un muerto. Contuve el aire por unos segundos, simulando hacer apneas en superficie y luego, después de un fuerte descargo de bióxido de carbono, me vuelve el alma – si es que existe – al cuerpo con la sensación de tranquilidad y con la certeza que lo que el hombre no acariciaba no era un cuerpo, sino la cabeza de una mujer que se balanceaba lentamente sobre su miembro. Sexo oral era lo que ocurría en aquél tétrico lugar.

Sonreí levemente y seguí mi camino hasta un plano, un pequeño pero tranquilo plano donde podría estar tranquilo que ningún taxista asesino o cualquier otro miembro oscuro del infierno, reclamara mi cuerpo como suyo.

Andkristur Esteban

De regreso al retorno número 6

Retorno número 6, Av. Las Palmas.

Retorno número 6, Av. Las Palmas.

Dos botellas de agua. Una en la mano. Caminando a gatas, casi a punto de arrastrarme por el sucio, frío y deforme asfalto que cubre vastas extensiones de terreno hasta llegar al punto más alto del páramo.

Sólo estoy pensando en mis latidos y en mi aliento – mi poco aliento. Las luces de los vehículos que chocan sobre mis párpados sudorosos y apagados generan pequeñas ideas sobre el fin de mis músculos. ¿Acasó moriré desmembrado, despellejado o simplemente atropellado? Sufriré lesiones en el momento del suceso? Se romperán todas mis fibras cavernosas que forman el pedazo de carne que se está desgastando?

– Bahh… es algo tarde para pensar en eso. Repite mi mente al son del pensamiento.

Sintiendo la brisa en mi cabello –  mi largo y enmarañado cabello -, se sublevan emociones que se encontraban aprisionadas en mi áspero encierro existencial, provocando de nuevo esa melancolía y desencanto que la gente siente al caminar a mi lado, la misma que se siente a la distancia cuando estás parado en el balcón que divisa por completo la ciudad, la misma que se siente al abarcar esos recuerdos imposibles de olvidar.

Miro a mi izquierda con la esperanza de poder lograr algo, con la esperanza de encontrar un auto negro, blanco o gris plateado que permita reflejar mi apariencia dejada, cansada y así poder contagiarme de mi mismo, contagiarme del melancólico y triste aspecto producido por mi asqueroso sudor, quizá blanco, que recorren cada uno de los pliegues que se forman por la presión de mis lentes con marco transparente, con marco negro o quizá con marco gris plateado.

Y al final, aunque corto y algo cansado, me encuentro una vez más en el retorno, ese que todo el mundo ha odiado, que todo el mundo al verlo se siente fastidiado, se siente insultado: El retorno número 6, que tanto daño ha causado.

Andkristur Esteban